20200618




ENTRE LO AGRIO Y LO DULCE POR LA SERNA


Desde mi Kiosco. XI. Una visión alcazareña en la mitad del siglo XX




Los vecinos de arriba esperaban para la fiesta de Reyes Magos, su anual viaje a Madrid, pero en aquel año 1966 su padre retrasó el viaje hasta final del mes, cuando ya estaban abiertas las rebajas y se cobraba la nómina ferroviaria.
Contaban que era un día especial aunque muy corto: subían al tren y llegaban a la estación de Mediodía, volvían a subir por la calle Atocha hasta la plaza de Benavente, y bajando por la calle Carretas al llegar a la puerta del Sol, entraban a Los Guerrilleros, la zapatería más concurrida de manchegos y ferroviarios de todo Madrid. Allí un buen número de dependientes con sus guardapolvos grises y los mostradores llenos de cajas de zapatos “gorila”, atendían rápidamente a la clientela, ya que tenían que volver al tren. Cargados con sus cajas y los encargos, volvían por el mismo camino andado, asombrándose en los escaparates de las tiendas de ortopedia. Después bajaban a Atocha y disfrutaban de los bocatas de “calamares” en el Tres o el Brillante. Eran dos bocatas, una caña y una Mirinda de limón. Partían los bocadillos por la mitad para comer medio cada uno, e inmediatamente al tren para llegar a Alcázar a la hora de poder ver pasar el Talgo. Todo un lujo.
Trajeron los zapatos marrones, con su pelota verde que tenía grabado un enorme gorila, el mismo de la tapa de la caja. Aquella caja se guardó con mucho cuidado para que fuera el criadero de mis primeros gusanos de seda. A últimos de marzo, un sábado, llegaron un puñado de gusanos pequeños y negros sobre unas hojas verdes de morera. Aquellos
“bichos” devoraban las hojas y crecían a diario. Los que teníamos nuestros gusanos de seda teníamos que cuidar de ellos, limpiar la caja y darles de comer durante los tres o cuatro meses que duraba todo el ciclo. Gusano, capullo, mariposa y huevos. Aunque solo comían hasta hacer el capullo, la búsqueda diaria de la morera fresca era la tarea del atardecer.
Encontramos árboles de morera en la carretera de Herencia, en el “cibanto” del margen frente al campo de fútbol. Bien lejos. Hasta llegar allí, teníamos que cruzar “La Serna” y las casas nuevas, sin estropear la alfalfa, llegar a los árboles, coger unas pocas hojas tiernas y volver. Aquel año fuimos muchas veces y los siguientes también, pero la poca luz, la desolación del “peazo” del nuevo parque, con sus rodales de alfalfa y las historias de “La Serna”, nos amedrentaban y nos hacían crecer al mismo tiempo.
“La Serna” fue un territorio a los pies del castillo convento sanjuanista, que se usaba como espacio de producción agrícola de la Orden. En ella los alcazareños pagaban en jornadas laborales parte de los impuestos que tenían que entregar a la Orden de San Juan. Se dividió en muchos trozos con diferentes nombres, como Sernilla, Vega de Palacio…. Durante el siglo XVIII parte de ella estaba en posesión de los hidalgos, según pone en el catastro de Ensenada y en el XIX, después del último prior Sebastián de Borbón, algunas partes se subastaron en las desamortizaciones. Muchas adquiridas por un vecino de Madrid, Pedro Pascual Rodríguez, que abrió zanjas laterales y cercó la finca, ocupando parte del camino de Herencia y de otro que cruzaba la Serna por medio, seguramente el de Villarta. También se subastó el antiguo pozo de la nieve en el Mamello procedente de las monjas de Santa Clara. En aquellos terrenos se mezclan los apellidos Guerrero, Saavedra, Marañón, Resa… Aún así buena parte del inmenso terreno que se ensancha entre la calle de Toledo y la de Salitre, a últimos del siglo XIX, es propiedad de hidalgos y otros nobles de la zona. Una tierra de labor tan cercana y accesible al pueblo, cruzada de arroyos como la Mina y el Cordobés, tuvo que tener gran interés.
Pero estas tierras cercanas al asentamiento romano de la villa, habían estado pobladas y buena prueba son los sarcófagos de los que hablaba el carpintero Heliodoro a primeros del siglo XX, o los pilancones vistos al principio de la década de 1980 y su poblamiento que se hizo a sabiendas de su poca productividad agrícola.
“La Serna” tuvo escaso papel en la vida de la población hasta la llegada de Miguel Henríquez de Luna García de Quesada, desde las tierras de Granada. Es conocido en la popularidad local como “el andaluz”. Se casó con María Rosario Baíllo Baíllo, haciéndose cargo de administrar “La Serna” y desarrollar en ella proyectos de aplicación tecnológica a la agricultura. Fue un hombre de formación multidisciplinar que destacó por su conocimiento de leyes, el gusto arquitectónico y artístico y el interés por la ciencia y la técnica. Intervino en la política y la administración local. Fue alcalde activo de Alcázar de junio de 1899 a julio de 1900, compartiendo el viaje de la infanta Isabel al eclipse de 1900, después decayó su intervencionismo municipal y declinó su presencia en Antonio Serrano y el resto de concejales.
Cuba es hacia 1870 uno de los grandes productores mundiales de azúcar. Poco después en Andalucía, especialmente Córdoba y Granada, se comienza a cultivar y explotar la remolacha como productora de azúcar, con grandes cultivos y plantas de transformación en la vega granadina. En Atarfe se instala una de las primeras azucareras españolas. Con
la firma de la Paz de París de 1898, que conlleva la independencia de Cuba, se produce una crisis económica, entre otros factores por la pérdida de la industria azucarera. Este fenómeno es el dinamizador de la expansión del cultivo remolachero en España. La Mancha que estaba en plena transformación vitivinícola y, obligado paso de ideas e iniciativas entre el norte y el sur peninsular, recoge también las expectativas del capital andaluz en este sentido que acaba asentándose más al norte, especialmente Castilla y Aragón.
Dejando su activismo político, Henríquez de Luna se dedica a emprender en el ámbito social y empresarial. La intervención más desconocida es sin duda el proyecto azucarero, que da comienzo con la transformación del antiguo Pozo de la Nieve de las monjas de Santa Clara situado en “El Mamello,” en pozo de regadío. En 1906 ya encontramos una estación industrial, con un enorme motor de vapor que se acompaña del actual chimeneón para evacuar los humos de la combustión. El fin fue sacar agua para alimentar un sistema de regadío hasta la Serna de Palacio. Para transportarla se construyó una reguera o canal a cielo abierto, hasta un depósito recolector al que llegaba por las bocas de unos leones que lo llenaban. Este depósito de ciclópeas medidas y capacidad, recibió popularmente el nombre de “La Balsa del andaluz”, situándose pegado a las últimas tapias de las casas hacia Herencia y a casi tres kilómetros en línea recta del pozo (en la foto se ha delimitado su superficie en amarillo)
La idea era construir un sistema de regadío de toda la zona, con mucha similitud a las explotaciones granadinas. Atarfe, de donde venía Miguel, tenía la tercera azucarera que se había abierto en España, el ingenio de San Fernando de 1884 y al menos 8 fincas de explotación. En los últimos 20 años del siglo XIX habían pasado de 35 a 8.463 hectáreas de cultivo de remolacha granadina. Una experiencia muy prometedora para Alcázar de San Juan. Esta gran plantación de remolacha llevó paralelamente la puesta en marcha de una planta azucarera en sociedad con Primitivo García-Baquero que ya era un consolidado emprendedor industrial alcazareño. El impulso de esta idea nació con la expansión por toda España del cultivo; en 1902 en Castilla La Nueva solo se recogen datos de Aranjuez y Arganda. La plantación alcazareña que tuvo que ser una experiencia piloto, nunca llegó a los anales del azúcar en España, fue decayendo dejando de ser interesante hacia 1925. Las tierras estaban agotadas y las aguas no eran muy propicias.
Pero probablemente otro de los factores del decaimiento fue la dispersión de intereses de su promotor, que en las inmediaciones de “La Balsa” tuvo un molino de aceite y puso en marcha una fábrica de quesos, con la que como ganadero, nos lo encontramos presentando sus productos en todo el mundo. Recibe un galardón en la exposición Internacional de Bruselas de 1910. Al mismo tiempo Henríquez de Luna fue, como es bien sabido, un activo promotor de la instalación de las aguas potables en Alcázar de San Juan y poco después de la red de alcantarillado.
La amplia actividad económica debió hacerle perder dedicación en algunos aspectos respecto a otros. Perdida claramente la oportunidad de la remolacha, se inicia una nueva aventura para “La Serna” con el cultivo de alfalfa, que resultó de difícil comercialización como alimento de los animales, caballerizas y pequeñas granjas domésticas. A continuación se comenzó la venta en parcelas del extenso terreno y se intentó el cereal; se sembraba, se segaba y se trillaba. Un año se perdió la cosecha por un incendio y fue alternándose con la venta de parcelas hasta los años 60 que fue abandonándose
progresivamente. Definitivamente la opción fue arrendar y vender terrenos para el crecimiento de la población, la Plaza de Toros, las instalaciones deportivas, el terreno destinado al barrio Hermanos Laguna en la década de los años cincuenta… Más adelante se fueron entregando a la administración el resto de las tierras para instalaciones deportivas o recreativas, como el parque Alces al final de la década de los años 60. Aquellos terrenos nunca fueron buenos para el cultivo, la salinidad y las tablas que cita Fernando Colón, razón de las inundaciones, son las causas principales.
“La Serna” fue siempre patrimonio moral de los alcazareños y por lo tanto, lugar natural de reunión y esparcimiento, en relación a su cercanía a la población y la falta de obstáculos de acceso de ningún tipo, un espacio para el paseo y la convivencia. Una de las historias más desconocidas es la relacionada con la revolución de Octubre de 1934. La incorporación de la CEDA al gobierno produjo muchos descontentos entre la clase obrera, y los alcazareños se reunían allí para determinar cómo enfrentarse a los registros en la comarca de las Casas del Pueblo y los domicilios de sus miembros.
En Alcázar de San Juan se reunieron en “La Serna” un centenar de personas cargadas de pistolas, explosivos caseros hechos en los talleres de la MZA y botellas inflamables; pretendían cortar la vía férrea, asaltar el cuartel, la central eléctrica, el convento y algunas casas particulares. Su acción se limitó a detener durante una hora el expreso Barcelona-Algeciras, después lo dejaron marchar y se disolvieron. En días sucesivos se abrió una investigación sobre los hechos y fueron encarcelados veintitrés alcazareños y trece criptanenses. Fueron juzgados por un tribunal militar y el fiscal pidió, en julio de 1935, seis años de prisión. Otro de los sucesos que nos amedrentaban eran “las mujeres de la Serna”; algo que no se sabía que era, ni entonces, ni ahora. Sólo hemos podido conocer que era un grupo de trabajadoras agrícolas que se organizaron en los tiempos de las colectividades. Una organización independiente e interna de la colectividad de campesinos. Una experiencia del movimiento obrero que estableció gratuidad de atención sanitaria, farmacia… a los colectivistas.
Otro de los sucesos sobrecogedores fue el martirio de los franciscanos y trinitarios que se colocaba en los paredones de “La Balsa”. Después quedó claro que la truculenta contingencia no fue en “La Balsa”, sino en sus inmediaciones de la calle Religiosos Mártires. Aunque los mayores hacían temblar a quien se acercaban a su “terrintontero”, señalaban en las paredes de la Balsa posibles impactos de proyectiles, entre montones de basura, escombros, animales muertos, roedores a la carrera y lagartos al sol. Los chicos alentados por los de las “Casas Nuevas” que conocían todo al dedillo, investigaban detenidamente pensando como extraer los viejos proyectiles.
Allá a lo lejos de entonces, cruzando un descampado de escombreras que daba cierto reparo cruzar, estaba el barrio de las “Casas Nuevas” o Hermanos Laguna, un conjunto de casas obreras. Llegar a ellas era una aventura; todas las noches las chicas del barrio, se esperaban unas a otras en las “esquinas de las aguas” para ir en grupo, o bien esperar a uno de los padres que por turno salían a recogerlas. Promocionadas por el franciscano Juan Antonio Fernández López, fueron construidas por la Obra Sindical 150 viviendas de 45 metros cuadrados en las tierras aportadas por el ayuntamiento de las antiguas propiedades de Miguel Henríquez de Luna. El barrio construido en una depresión del terreno como se comprobó hasta su desaparición, fue construido en dos fases, entregándose sus últimas viviendas, “sacando la bola” en los primeros años sesenta. Un
barrio joven y alegre que marcó la vida de Alcázar en muchos sentidos y del que salieron hombres y mujeres que siguen dando un tinte de progreso y solidaridad a sus acciones vitales.
Este barrio alegre y adelantado, mediante la formación de una hermandad, fue el primero en realizar fiestas populares. Las verbenas perdieron su sentido antiguo, las chicas decidían con quien querían bailar sin recabar el permiso de sus madres y se introducen los sonidos eléctricos. Las fiestas tuvieron todo tipo de sucesos, y uno de ellos nos tenía sobrecogidos la mañana del domingo que visitamos “La Balsa,” en busca de lagartos. Era primero de mayo, seguro, porque las fiestas de la mística Catalina de Siena, se celebraban el 30 de abril. Aquella noche de 1966 fue la “fuga de los cohetes”, unos días antes acababan de reunirse por primera vez el Papa y el premier ruso, un acontecimiento de tal calibre que tenía revuelto medio mundo. El caso es que terminada la verbena, al nacer el 1 de mayo, pasadas las 12, un accidente prendió unos paquetes de cohetes que se deslizaron solos desde la mesa en la que estaban colocados. Se produjeron lesiones menores y algún accidente delicado, pero las lenguas de otros barrios contaban ya a la mañana siguiente terribles historias que acabaron estigmatizando el barrio y dándole el nuevo nombre de “la ciudad sin ley”
Alcázar estaba en plena transformación, los nuevos barrios, las nuevas músicas, los nuevos secretos de los jóvenes, las nuevas esperanzas y las del polígono, daban las pautas de un nuevo mundo. Nuestros gusanos en su caja de zapatos devoraban las hojas de morera con verdadera ansia. A lo manchego. En la escuela se hablaba a diario de la metamorfosis y la idea enredaba a los chicos en un ovillo de gusanos, capullos, mariposas. Todos al mismo tiempo, siendo lo mismo y cosas distintas a la vez. Un auténtico embrollo que nos enseñó a ir entre lo abstracto y lo concreto de otros conceptos. Entonces aprendimos a pasar horas y horas hablando de gusanos y mariposas, de la transformación de nuestros héroes, de los personajes de juego, y del mundo que conocíamos.


Texto: José Fernando Sánchez Ruiz
Foto Aérea Años 50: Archivo Municipal

20200610




LAS BARRAS DE MADRID

Desde mi Kiosco.  X.  Una visión alcazareña en la mitad del siglo XX









Aquella tarde de tormenta veraniega había sido decisiva, anunciaba la finalización del verano escolar y no hacía tanto calor. Después de hablarlo con los primos cercanos, los vecinos y los chicos del colegio, era definitivo: saldríamos del pueblo en una aventura como si se tratara de subir al Machu Pichu. En mi libro de aquel verano “Horizonte Juvenil”, leí muchas veces el reportaje y me ensimismaba mirando sus piedras. La idea era llegar a los molinos de las “fontanillas” y remojarnos en los “pilancones”, todos conocíamos el camino por haber ido a merendar las tardes de San Marcos.
Quedamos después de comer en las cuatro esquinas del registro, el Cristo, Lubián…. de todos los que saldríamos, solo fuimos dos. Los demás se echaron la siesta. Pero no nos importó y comenzamos andar. En un saquillo de cuadros teníamos las provisiones, pan, chocolate, una botella de gaseosa de la Prosperidad con agua, una navaja y una caja de cerillas. Cruzamos las calles por las aceras de la sombra hasta llegar a la de Arjona, continuamos hasta el Arenal, y comenzamos el ascenso al cerro por los negros adoquines de la carretera. Algún camión pasó delante y nosotros pasamos por los olores a hierro, pan, vino, gasolina de aquella calle interminable. Alcanzado el primer repecho comenzamos a atisbar el humo de la estación del tren y ya en el llano, la vista de las barras flanqueadas de bodegas nos animó a apretar el paso.
Entrábamos en un nuevo pueblo, lleno de industrias y trabajadores que cruzaban las bocacalles de un sitio a otro, las bodegas y los talleres se acompañaban del ir y venir de los vehículos que acababan de cruzar el paso a nivel con barrera de la carretera de Miguel Estaban, después de entrar el tren de Madrid.
Las barras estaban señaladas con unos hitos con rayas rojas. Tres, dos y uno con sus respectivas rayas, después de los vehículos nos cruzamos con un rebaño de ovejas que marcaron el último olor de la Rondilla, dejando el suelo a su paso lleno de excrementos, pequeñas bolas negras que soltaban andando dejando el rastro de su viaje diario al aprisco y al campo. Hoy apenas se las ve por los cerros.
Al llegar al último aviso de la barrera nos sentamos en unas piedras, donde otras veces vimos sentado al hombre de los periódicos, que siempre nos saludaba con “Buenas tardes”. Descansamos, y animados cruzamos las vías con cuidado de pisar correctamente sobre las maderas y los raíles, evitando en lo posible los contracarriles, perfectamente limpios para que entraran por ellos las pestañas de las ruedas; aunque las barras estaban verticales, pasamos por el arco casi pegado a la pared, seguramente para no llamar la atención del personal de la cabina enclavamiento. La llamaban tercer piloto.
La estación alcazareña tenía hasta cinco de estos puestos: la auténtica ingeniería del tráfico. Bien antiguos ya, cumplían su función desde finales del siglo XIX. El mecanismo que las hacía funcionar se basaba en fuerzas por palancas para cambiar las agujas. Un teléfono interno establecía el mecanismo mediante un “modelo” que había que reproducir y cambiar continuamente a instrucciones para que todo funcionara, ayudándose de guardagujas y otro personal. Esta decían que era la más antigua, y luego descubrí que existía desde de 1893.
La mayoría de estos pasos tenían una guardesa que los cuidaba, limpiaba, engrasaba y subía o bajaba las barreras según conviniera. En aquellos años había cerca de 1500 mujeres encargadas de estas tareas por toda la red. Estas vivían en las casillas junto a los pasos a nivel con sus familias en unas condiciones terribles, la mayoría de las veces sin luz ni agua. En Alcázar no era usual, muchos de los estacionistas acababan dedicados a estas tareas en los pasos de la población. También la cercanía de las cabinas y los guardagujas ayudaban a administrar las barreras, que aireaban con el tintineo de su timbre al subir y al bajar. Otras veces los visitadores con su martillo colgado a la cintura movían la palanca para bajar la barrera.
En mitad del paso la sensación de atrevimiento me envolvía paralizándome las piernas, y el pantalón corto de verano se comportaba como uno largo de invierno. Dentro del paso las primeras vías en cruzarse eran fáciles, correspondiendo a los pasos de trenes a las bodegas y a MACOSA que tienen vías directas desde sus instalaciones a la red ferroviaria. Para sacar el vino y entrar o sacar vehículos ferroviarios a ser reparados o recién construidos. Menudo mundo donde se mezclaba la técnica más moderna y el pastoreo inmemorial. Después se cruzaban las vías de Madrid, un descanso, y las vías de la estación a los depósitos y playas ferroviarias, estas más tranquilas. Al cruzar la segunda barrera los ruidos de nuevos talleres nos llamaron la atención.
El paso a nivel de Miguel Estaban o de Madrid era también el paso al economato y a la sanidad ferroviaria de mucha gente de aquellos barrios, incluso de los viajeros que cruzaban por allí a los andenes y desde estos, al edificio de taquillas. Pero yo había vivido otras historias. Mi abuela me había llevado varias veces a la estación, para señalarme el sitio en que se situó mi tatarabuela con su hija en brazos, para ver entrar el tren en el que llegaba la reina a la estación alcazareña el 24 de mayo de 1858. Ahora me encontraba allí solo y con una sensación tan extraña como agradable. Me sentía muy mayor. Aquel día hubo cohetes y campanas y aquella tarde abstraído en la historia
familiar, me recogió el estruendo de los camiones, del almacén, de lo que había nacido como alcoholera de los franceses. En su torre hubo un nido de ametralladoras, treinta años antes, para defender las vías y la estación de un pueblo republicano. Ahora vivía en un estruendo de ruidos de cargas y descargas. La industria francesa no llegó nunca a funcionar suponiendo solo una amenaza para la industria vitivinícola local.
En aquel bullicio estábamos en una barriada prácticamente desconocida, con quince o veinte vehículos nuevamente parados y en fila, a la espera de que se abrieran las barras para cruzar. Calles, casas, vecinos, huertas, labradores, ferroviarios, bodegas, chamarileros, chatarreros y “lañaores” convivían en las calles junto al trasiego de los vecinos que todas las tardes cruzaban a por leche a la vaquería de los Fuentes. En aquellos años las vaquerías eran muy comunes en el pueblo; en mi casa nos surtíamos de la vaca del vecino. También se recogía la leche por la tarde, la recuerdo ver ordeñar. Aun con el calor de la vaca, se cocía hasta hervir, arrojando una nata espesa que se apartaba y merendábamos en un platillo de porcelana con el borde azul. Endulzada con azúcar, la comíamos a sopas, como el pisto.
Antes de llegar a las últimas bodegas se incorporaba, a paso lento, a la fila de espera, un burro. Sobre él subía una mujer rubia de pelo corto y pantalón ajustado. Lo recuerdo por lo extraño de su atuendo en aquellos años. Al llegar a su altura, nos llamó con agrado. Chicos, -dijo- ¿vais al molino? No, no señora -dijimos a dúo-, vamos a merendar a los “pilancones”.
Que era prácticamente lo mismo.
Nos pidió con un gesto que nos acercáramos a ella. Y preguntándonos cómo nos llamábamos, nos dijo: No le digáis a nadie que me habéis visto y yo os buscare para invitaros al teatro en la Feria. Nos despedimos con cierto pudor porque estábamos muy impresionados. Luego descubrí que era la actriz Josita Hernán que todos los años hacía teatro en Alcázar con su compañía parisina y representaba obras de Benavente, Unamuno, Alberti o Lorca entre otros. Incluso algún año se recitaron poemas de Hernández. Después la vi en el cine Cenjor como actriz en “El libro del Buen Amor” una película con Patxi Andión hacia 1975. Luego tuve la suerte de saludarla en los últimos años ochenta y conocí su pintura y su poesía. Le referí la anécdota y con total sorpresa para mí, la recordaba exactamente; ella sabía que aquello sucedió en mayo de 1968 y aquella noche volaba a París. Entonces se disculpó diciéndome que aquel año no pudo volver a España para hacer su habitual campaña veraniega de teatro.
Cruzamos las eras de San Marcos, donde merendábamos en las fiestas camperas y sin entretenernos llegamos a las faldas del cerro para buscar los Pilancones. Hacía calor y aunque no era tarde, la caminata nos tenía hambrientos y cansados. Allí estaban los agujeros con signos de haber tenido agua hasta hacía poco. Nuestra botella de gaseosa de la Prosperidad ya no tenía una sola lágrima de agua y nos atrevimos a pedir que nos la rellenaran a los hombres que había en la huerta cercana. Uno nos dijo que sacáramos agua del pozo, señalándolo, y mientras lo hacíamos nos explicó a voces; que aquel era el pozo de la Fuente, pero que era suyo y no de los alcazareños que lo abandonaron después de haber abastecido de agua muchos años los vecinos. Desde allí se canalizaba el agua hasta una fuente que estaba en el ensanchuron que había frente al Cine Alcázar y otra en la plaza. Tanto mi amigo como yo, del que no he querido dar el nombre y al que perdí la pista unos años después, disfrutamos mucho el agua que bebimos directamente del pozo.
Ahora me encuentro con algunos que me hacen memoria de las aventuras de la niñez y aunque a duras penas consigo recordar las anécdotas, no soy capaz de reconocerlos a ellos, esto me produce mucha tristeza y procuro ser lo más amable que se. Ni mi amigo, ni yo, estábamos para pensar en aquella perorata. Nos comimos el pan y el chocolate y después de recoger piedras y arcillas rojas y verdes nos fuimos bajando hacia el pueblo, que desde ese suave alto, tenía una vista de pueblo en el desierto con el sol encima y vibrando de calor.
A la vuelta nos subimos en unas bicis de los trabajadores de una industria que estaba por allí y salían de trabajar, bajando camino de las barras. Las barras fueron sustituidas por un puente elevado en 1979, que duró muy poco y ahora definitivamente un subterráneo las cruza bajo las vías, uniendo en lo geográfico ambos barrios.


Texto: José Fernando Sánchez Ruiz
Foto: Archivo Municipal

20200603



REFUGIO DE LA PLAZA

Desde mi Kiosco. IX. Una visión alcazareña en la mitad del siglo XX





Presentamos una de esas imágenes que se han visto poquísimo y que nos aporta información sobre cosas de Alcázar e induce a la reflexión y el crecimiento del deseo investigador.
La imagen presenta un rincón de la Plaza principal, el que se ha popularizado en la segunda mitad del siglo XX como “El Jardinillo” en correspondencia con un antiguo local hostelero. Las fachadas del rincón siguen correspondiendo a las mismas fincas actuales. El suelo se ve terroso, sin ni siquiera adoquinar como fue después. Prácticamente todo el espacio está cubierto por construcciones circunstanciales que son un refugio antiaéreo construido en la guerra civil. La imagen no es la mejor toma de aquellos años y puede servir para que aparezca alguna más del mismo motivo.
Alcázar de San Juan vivió la guerra civil 1936-1939 en una retaguardia activa, en la que si bien no era una zona de primera línea, sufrió ataques de los insurrectos, y fue bombardeada en múltiples ocasiones. Las importantes infraestructuras ferroviarias y los depósitos de combustible de CAMPSA, “Como Acaparan Millones Primo, Sotelo y Anido”, fueron los objetivos de primer grado. Pero no los únicos objetivos de la población que sufrió bombardeos y ametrallamientos aéreos.
Para defenderse de los ataques contaba la población con al menos dos puestos de baterías de ametralladoras antiaéreas; uno estaba situado en la parte alta del edificio de la alcoholera de la bodega de “Los Franceses”, situada al otro lado del paso a nivel de la carretera de Miguel Esteban; y otro en las terrazas del actual edificio del Banco Popular en la calle Emilio Castelar, donde estuvo situada la sede histórica de la CNT
Para resguardarse de los ataques aéreos se construyeron siete refugios. Lo habitual era excavar en el suelo, y elevar la cota de este con la tierra sacada que junto a traviesas de las vías ferroviarias, servían para establecer medias paredes y techos suficientes para sostener un ataque aéreo. No tenemos noticia de que cayera ningún proyectil sobre los techos de los refugios y por lo tanto no sabemos cómo funcionaron. Los refugios eran espacios tipo túneles subterráneos con dos bocas, una de entrada y otra de salida; tenían una figura de Z y en el cuerpo central se colocaban los refugiados cuando se avisaba de ataque aéreo. Para mejorar la ventilación tenían varios tubos de respiración tipo chimeneas.
Espacios sucios y húmedos por afloraciones, no tenían ninguna instalación, solo miedo y frío. Los refugios se construyeron en varias plazas, tratando de distribuirse en las zonas pobladas y de fácil acceso. En la plaza de España; como hemos visto. En la plaza del Cristo de Villajos, en la zona que ahora están los contenedores subterráneos de basura y en el kiosco de información del PMC. Se completaba esta línea radial de la población con un tercer refugio en el ensanchurón de la Castelar que hoy conocemos como placeta del “Acapulco” en relación con el bar instalado desde los años setenta.
Otra segunda línea se extendía desde la plaza de España a la del Arenal donde luego estuvo el kiosco de música, terminando esta línea en su prolongación por la calle del Santo, en las antiguas tierras del cementerio de San Sebastián, debajo de las escuelas y en la parte de atrás de la ermita de San Sebastián. De este se han descubierto restos hace unos años al hacer unas obras públicas.
Las líneas de extensión terminan con un sexto refugio situado en la plaza del Altozano, delante del edificio que fue sede del antiguo café-bar “El Tablón”. El último de los refugios que hemos identificado estuvo en la plazoleta del cruce de las calles Pintor Lizcano con Goya, frente a las antiguas escuelas ferroviarias, hoy Casa de la Cultura.
Nos dice Teofilo Zarceño que fueron derruidos en octubre de 1945, después de que una generación de niños de la guerra hiciera de los “terronteros” baluartes a conquistar en los juegos infantiles.
Los refugios no eran suficientes y muchas personas se resguardaban en las bodegas sótanos y cuevas de las casas o bien pasaban las noches en las huertas y casillas cercanas, fuera del núcleo urbano. Alcázar contaba entonces con cerca de 25.000 habitantes y una población flotante de refugiados de cerca de 10.000 personas. Los ataques aéreos más importantes fueron los de la noche del 25 de marzo de 1937 y la madrugada del 26. El resultado de esta incursión fue terrible para la población dejando 20 víctimas directas además de casi 50 heridos de diversa gravedad y más de un centenar de casas destruidas. De los daños urbanos se señalaron especialmente la zona alta de la calle Emilio Castelar donde se encontraban dos refugios, la zona de la plaza del Arenal donde estaba otro de los refugios, y la calle Pintor Lizcano, donde estaba situado otro de ellos. En total cinco de los siete refugios con que contaba la población, estuvieron en el punto de mira de aquella incursión. Todavía la memoria popular guarda el recuerdo de donde cayeron algunas bombas e identifica desperfectos en fachadas y rejas de ventanas y balcones provocados por la metralla.
Era la primera guerra en la que la aviación se usaba intensamente sobre la retaguardia. Los bombardeos tuvieron dos intenciones: la primera era destruir las infraestructuras y depósitos de combustible, y la segunda producir un efecto desmoralizador de la población. Se han estudiado muchos de los bombardeos sobre la zona republicana, Málaga, Madrid, Barcelona, Alicante y otras capitales de provincia y algunos municipios Durango, Cartagena, Alcañiz, Guernica, Reus……la respuesta de muchas de las ciudades bombardeadas, fueron las “sacas” en un torbellino autoalimentado de violencia, no dándose esta respuesta en Alcázar.
Sin embargo, está pendiente el estudio en la misma medida los bombardeos sobre otros territorios. En el caso de Alcázar además del referido hubo otros que no produjeron víctimas mortales, convirtiéndose en casi costumbre diaria recibir antes del mediodía la visita de un bombardero ligero que en vuelo rasante ametrallaba calles e instalaciones ferroviarias. La población, en un humor del terror, le puso de sobrenombre “La Bernarda”, y algún/a “valiente” esperaba su llegada apostándose en las calles, con una escopeta, con la que todos los días disparaba al bombardero, en la esperanza de poder alcanzarlo y desbaratar el ataque diario.
El diario “Avance” en la mañana del 26 de marzo de 1937, daba la noticia:
“EN LA NOCHE PASADA, ALCÁZAR DE SAN JUAN HA SIDO VÍCTIMA DE UN CRIMINAL BOMBARDEO”, “Hasta las cinco de esta mañana iban extraídas. Once muertos y unos cincuenta heridos”.
Alcázar bajo la metralla extranjera
Ha sido Alcázar durante las últimas horas de anoche primeras de hoy, la que ha sufrido los efectos dolorosos de una nueva incursión sobre nuestro cielo de los aviones negros de la Alemania fascista. Sus casas, sus blancas casas, tranquilas y silenciosas, han caído para sepultar bajo sus escombros a docenas de mujeres y niños, alejados de los frentes, inocentes indefensos, destrozados, como otros muchos más, por la metralla extranjera.
Un nuevo grito de indignación surgirá de las gargantas de esas madres de esos hijos manchegos, escarnecidos otra vez por los generales traidores a su patria que han vendido nuestra tierra, nuestro mar, nuestro cielo. España toda, a los intereses más sucios del capitalismo internacional.
Y mientras que en Sevilla animadas por el bufón sangriento de Queipo del Llano, corren los pasos del Jueves Santo, muy santo y muy católico, expresión falsa y ridícula de la humanidad cristiana; las calles de Alcázar de San Juan, se cubren de sangre inocente de niños y mujeres, vertida por aviones, vendidos sin duda, para matar, por esos sangrientos ministros de Cristo que en las calles andaluzas celebran la carnavalada santa del amor y de la caridad católica.
Cinco aviones han realizado cuatro incursiones sobre Alcázar, causando el hundimiento de catorce casas y produciendo gran número de víctimas. El Gobernador civil ha marchado inmediatamente para dicha población.
Por cuatro veces ha comparecido en la noche pasada la aviación facciosa sobre Alcázar de San Juan, y en cada incursión, descargaba su trágico cargamento.
La primera incursión se ha realizado próximamente a las diez y media de la noche. Cuatro o cinco trimotores han volado por encima de la población, arrojando diez o doce bombas de gran tamaño sobre humildes barriadas de la ciudad.
Fueron apagadas 'las luces inmediatamente, pero los negros aparatos siguieron descargando su trágica carga. Unos diez minutos próximamente duró esta primera incursión. Inmediatamente de retirados los aparatos se procedió a localizar los sitios en que habían caído las bombas, apreciándose que había varias casas hundidas. De entre los escombros de las mismas se extrajeron cuatro muertos y una decena de heridos.
Estando realizando esta operación, otra vez reaparecieron los aviones facciosos, dejando caer más bombas.
Después hizo otra incursión y por último a 1a una de la noche aparecieron por última vez.
Pasadas estas horas de desconcierto y atemorizamiento del vecindario, se dispuso por parte del alcalde, la extracción de victimas de entre los escombros de las casas derrumbadas.
Se comprobó que había catorce casas completamente destruidas por la metralla. Realizados todos los trabajos, hasta las 4 y media de la mañana en que nos han dado las ultimas noticias, se llevaban sacados once muertos y cerca de medio centenar de heridos.
Como siempre, todas las víctimas pertenecen a niños, en su mayoría, y a mujeres y a ancianos que se hallaban descansando tranquilamente en sus hogares.
Los destrozos causados son de consideración, por lo cual se sigue trabajando por el resto de la ciudad, a cuyo frente están las autoridades de la localidad.
Inmediatamente que se dio cuenta al Gobierno civil de este cobarde ataque, el camarada Serrano partió para dicha población en donde se encuentra visitando los hospitales en donde han sido alojadas las víctimas. Desde dicha localidad nos ha telefoneado el Gobernador, dándonos cuenta de la forma en que se realizan los trabajos y comunicándonos que se estará en dicha población hasta que se conozca con exactitud el número de víctimas, y para alentar al pueblo y compartir el dolor de la población manchega.
El estudio posterior del suceso determinó que fueron veinte víctimas mortales, identificadas entre vecinos que oscilan de los tres y los cincuenta y siete años. Esta población que hoy está claramente identificada, se distribuye en grupos de edad de la siguiente manera: un primer grupo de 6 niños y 2 adolescentes varones. Otros 6 jóvenes varones. Cuatro adultos 2 varones y 2 mujeres. Un último grupo de dos personas mayores, 1 varón y 1 mujer.
Aquella noche los refugios como el de nuestra foto no sirvieron de mucho. En muchas ciudades sucesos parecidos se han recordado en la memoria colectiva con elementos urbanísticos o artísticos; el mayor ejemplo es el aporte al arte contemporáneo con la pintura de Picasso que representó a España en la Exposición Internacional de París de 1937. “Guernica”, que aunque está inspirada por los bombardeos sobre la población vasca, recoge todos los bombardeos sobre las poblaciones civiles, como este terrible suceso de la historia alcazareña.


Texto: José Fernando Sánchez Ruiz
Foto: Archivo Municipal
José Belmonte




LA GASOLINERA DE LA PLAZA DE TOROS


Desde mi Kiosco. VIII. Una visión alcazareña en la mitad del siglo XX






En un día soleado de 1968 se tomó esta fotografía en una tarde festiva de Alcázar de San Juan. Su intención principal es mostrar la gasolinera del tejido de la plaza de toros. La gasolinera que en aquel momento era este surtidor, nos muestra buena parte de su mecanismo y la manguera con la que trasvasaba la gasolina, desde el depósito subterráneo a los depósitos de los vehículos que repostaban estacionados a su lado. Aunque no solo se servía la gasolina a los vehículos, sino que se expendía en todo tipo de recipientes, latas, bidoncillos y otros recipientes de transporte de líquidos. El surtidor funcionaba con un manubrio, por sus vasos se veían pasar los cinco litros por extracción que era capaz de despachar.
La gasolina es un derivado del petróleo que aparece por la descomposición de vegetales y animales en los fondos marinos y de lagos, acumulados desde hace millones de años. Se descubrió a mediados del siglo XIX por la separación de líquidos del petróleo mediante un proceso de destilación. Empezó a venderse en las farmacias y droguerías como quitamanchas, disolvente...
Los primeros usos de la gasolina fueron como desengrasante y producto de limpieza, especialmente de metales. En una población donde muchas personas tenían relación con metales y herramientas, no faltaba en ninguna casa una lata de gasolina, para limpiar y brillar las cuchillas de los arados, las llaves inglesas o los desmontadores de las llantas de las bicicletas.
En 1886 el ingeniero alemán Karl Benz, patentó el primer vehículo de gasolina, un “trasto” de tres ruedas que alcanzaba 17 km a la hora. Pero la invención del concepto de gasolinera pertenece a su esposa Bertha, una osada aventurera que hizo un viaje de 80km en tres días, parando en una farmacia a comprar gasolina para alimentar aquel vehículo. No es anecdótico el ánimo de Bertha, como no es anecdótico, sino fundamental, la presencia de la gasolinera junto a su surtidor en nuestra foto.
Genoveva Illescas López, desde la muerte de su marido, se hizo cargo plenamente de la atención del surtidor, que fue la forma de sustento de su familia, trabajando todas las horas del día que requería el negocio, rompiendo la tendencia de la ausencia de la mujer en estos tipos de trabajo considerados masculinos. Si bien ahora, 50 años después, la mujer ocupa cualquier puesto de trabajo, en aquel 1968, resultaba muy singular la actividad de Genoveva y que requiere al menos este mínimo recuerdo y reconocimiento. Con un planteamiento vital desde la trayectoria de otras mujeres como Victoria Kent o Clara Campoamor, esta alcazareña defendió una forma autónoma e independiente de vida que le permitió el crecimiento de su familia.
Aquel año fue declarado año Internacional de los Derechos Humanos por la ONU, seguramente con motivo del veinte aniversario de la Declaración, y Alcázar comenzaba a crecer en lo económico. La esperanza del reciente Polígono de descongestión de Madrid y la estabilidad de los ingresos de la administración en diferentes sectores, tiraban de las entidades financieras, tanto para procurar el ahorro, como el préstamo para las escasas aventuras económicas de los alcazareños, siempre acostumbrados a la seguridad de lo oficial. En esta línea se instaló en sus calles una nueva entidad: La Caja de Ahorros de Ronda.
Algo estaba pasando ese verano en Alcázar y el Delegado de Sindicatos Ramón Alcázar inauguraba el Hogar del Jubilado Ferroviario, en la calle Canalejas, un tipo de casino que se instalaba en los locales de la escuela del maestro Manuel Cencerrado, que había fallecido un par de años antes. Este local acabó transformándose en un simple bar barato que, entre los jóvenes de la época, recibía el apelativo de “La alegría de la huerta.”
En aquel bar se celebraron cumpleaños y algún guateque, sonando seguramente los artistas del momento, los Rollings o Zappa. Pero sin lugar a dudas quien sonó y asombró a los alcazareños fue la sorpresa de María Ángeles Santamaría conocida como Massiel que ganó el Festival de Eurovisión. Los jóvenes más aventurados, escuchando emisoras de radio y leyendo el “Mundo Joven”, descubrieron bandas emblemáticas como Deep Purple, que comenzaba a sonar más es USA que en Inglaterra.
Una de las cosas que más me inquieta de esta fotografía es la enorme presencia de mujeres en la misma. A la izquierda hay un numeroso grupo de mujeres de varias generaciones, desde niñas a abuelas y bisabuelas. Se sitúan a la sombra de algún kiosco antiguo y permanecen como en una situación expectante, esperando algo que va ocurrir en los alrededores de la Plaza de Toros. A la derecha varias mujeres jóvenes, que andan por el paraje. Junto a la plaza, grupos de hombres y algún que otro vehículo. Hombres en un espacio y las mujeres en otro. Alcázar de San Juan había olvidado las expectativas abiertas con la celebración del Día Internacional de la Mujer, treinta años antes, y estaba al margen de los acontecimientos que convulsionaban el mundo. Por aquellas fechas fueron asesinados el presidente americano Kennedy y el soñador pacifista, Martín Luther King. En las casas y calles manchegas se soñaba con la hazaña de Gabino Moral, la mayor a la que aspiraban muchos, la suerte. Y menuda suerte la de la quiniela de 14, que le trajo 30 millones de pesetas, cuando el salario mínimo interprofesional de aquel año era de 3000 pesetas mensuales para los mayores de 18 años. Trabajar para comer era “la idea”. No podía haber otra. Empobrecidas y analfabetas (más del 60% de la población era analfabeta), aquellas mujeres no querían saber nada de todas estas cosas, ni de los trasplantes de corazón que hacía el doctor Barnard, o de la carrera hacia la luna por la que peleaba el mundo. ¡Qué España la de aquel año! Se comenzaba a autorizar la enseñanza del euskera en las escuelas públicas, y los territorios de Guinea Ecuatorial alcanzaban la independencia naciendo como república.
Los hombres de la gasolina habían entrado a la Plaza de Toros para asistir a la eliminatoria de las agrupaciones folklóricas de la Mancha Sur del IV Festival Nacional de la Canción de Primavera. Presentaba el acontecimiento la popular y televisiva Maruja Callaved, un portento de aquellas décadas. Esa tarde las entradas de silla de ruedo costaron 10 o 15 pts y las gradas de general 5 pts. De esos precios se deduce que en la muralla de la Plaza se aprecien los jóvenes trajeados y bien peinados. Los hombres usaban la gasolina en los mecheros y su perfume siempre traía cierto olor a su volatilización, dando un aspecto rocanrol a su compañía.
Los chicos con los ojos como platos y un arco con flechas, hechos de varillas de paraguas viejos, merodeaban a la caza de lagartos. Observaban la escena desde las “pairetas” de la triste balsa “del andaluz”. Al fondo, las Casas Nuevas en mitad del campo y entre la gasolinera y ellas un letrero de carretera que decía “Herencia 14”. El pueblo se acababa en la misma gasolinera.
Hoy a los más de cincuenta años que nos distan de aquella tarde del 23 de mayo, puedes sentarte frente a la pantalla del ordenador y volver a ver “El Planeta de los simios” o “La semilla del diablo”; los tiempos no pasan.



Texto: José Fernando Sánchez Ruiz
Foto: Archivo




50 AÑOS DEL “BOSCO”


Desde mi Kiosco. V II. Una visión alcazareña en la mitad del siglo XX








Sin duda alguna, cincuenta años puede decirse que es toda una vida. Y ese es el tiempo que nos separa del momento en que se tomó la fotografía que hoy difundimos; en ella un grupo de jóvenes alumnos de la recién inaugurada Escuela de Maestría Industrial están frente a sus tornos, en los que esperaban aprender un oficio de futuro. El centro fue evolucionando, y hoy es el IES Juan Bosco, donde cientos de alumnos cursan sus estudios.

Hace un par de años se celebró el cincuentenario del Instituto Miguel de Cervantes. El 10 de mayo de 1968 se convirtió en tal, por acuerdo del Consejo de Ministros. Desde octubre de 1965 en el edificio conocido como “Instituto” se impartían clases de bachillerato elemental. Era una sección delegada del Instituto “Bernardo Valbuena” de Valdepeñas. Así funcionó hasta que en mayo de 1968 el Consejo de Ministros le dio entidad de Instituto de Bachillerato, aun sin nombre. El nombre vino poco después, con la inauguración del curso de 1969-1970.

Y como a veces no hay dos sin tres, también se ha celebrado el cincuentenario de otro centro educativo alcazareño. En marzo de aquel año se inauguraron dos pabellones, uno para niños y otro para niñas, con 18 aulas, en el antiguo solar de la cárcel. Hoy no existen los pabellones del C.P. Jesús Ruiz que fueron sustituidos hace relativamente poco por unas modernas instalaciones educativas que dan más juego que aquellos edificios de ladrillo amarillo y ventanucos pequeños junto a los techos de las aulas. Siempre dieron una impresión de hacinamiento y disciplina.

Junto al crecimiento de centros educativos que alegraban la vida local, se vivió la sensación de fracaso del proyecto del polígono. El ministro Arrese había anunciado hacía una década que Alcázar era un dique para detener la emigración de la Mancha a Madrid. Ese era el fundamento para dotar a la población de posibilidades de empleo, centros de enseñanza, lugares de recreo. En fin, comodidades para la familia, de manera que las oportunidades de la gran ciudad las tuviera el posible emigrante en Alcázar. La infraestructura fundamental del proyecto era el polígono Alces, que si bien estaba construido, al haberse implantado en otras poblaciones no produjo el efecto de despegue económico esperado. 

Las industrias locales hicieron el esfuerzo de ser punta de lanza y comenzaron a trasladarse al polígono. La primera fue la “Fábrica de Guantes López”, la segunda la comercial Agrovin. En marzo del 68 la fábrica de guantes con 60 o 70 obreros, en su mayoría mujeres, abría sus instalaciones en el polígono. Una industria que daba mucho trabajo a domicilio y procesaba otra parte en la factoría. Propiedad de Antonio López López exportaba buena parte de su producción a América y Europa.

En alimentación INTOMA, (Industrial tocinera manchega) con sus gorrinos sonrientes, se encandilaba a grandes y chicos con el slogan de moda: “Siempre que embutidos coma, exija la marca Intoma”. El pueblo caminaba hacia el modelo de ciudad industrial y de servicios, Precon, Macosa, la Montijana, Carrazoni y otros talleres. Los ciclomotores Torrot desde Casa Moreno, (sin carnet ni impuestos) llenaron las calles, caminos y campos de labrantío con sus aguaderas cargadas con el hato, el azadón y las podaderas. Talleres Barco, Calvo, Autoagrícola, Clemente Bonardell Álvarez de Lara, al frente de los vehículos Renault, Silesio
Copado de los Citroen…

Los jóvenes de 1968 en Alcázar tenían importantes inquietudes y expectativas, el crecimiento de los centros educativos y las oportunidades de empleo eran sus prioridades. Por eso fue fundamental la inauguración de la Escuela de Maestría. El éxodo rural y la emigración a Europa eran claves para el mantenimiento de una paz social que daba las primeras muestras de una modesta sociedad de consumo (motorización, construcción masiva de viviendas). Se planifican en 1968 las 100 primeras viviendas de la cooperativa Jordana de Pozas. 

El ascenso social se veía como una posibilidad al alcance de muchos por la generalización del acceso al sistema educativo. Algunos jóvenes tenían como objetivo ser voluntarios en el servicio militar en ferrocarriles, con la esperanza, la mayoría de las veces conseguida, de entrar a trabajar a continuación en RENFE. Otra buena parte se interesaba en un modelo similar en MACOSA y otros se enrolaban como voluntarios en el servicio militar, prestando al menos tres años y pretendiendo aprender allí un oficio.
Pero aunque estas formas de integración a la vida activa eran muy admiradas, no eran las únicas; muchos se incorporan como aprendices a las pequeñas industrias y talleres locales. De botones a la banca, o de “chico” a los comercios. Solo muy pocos tenían la expectativa de continuar estudios y la vía fundamental para estos, que en muchas ocasiones alternaban con el trabajo, fueron las universidades laborales: Sevilla, Vigo… 

Indudablemente unos pocos se incorporaban a la universidad, casi en exclusiva a la Complutense madrileña, con el consiguiente desplazamiento a la capital. En el caso de las jóvenes, que compartían inquietudes con ellos, la vía principal fue la del trabajo a domicilio de grandes empresas, principalmente de confección y de manipulación. Algunas empresas locales contribuyeron a ello como las de los guantes, los frutos secos, material de papelería…. en septiembre todos cortaron la uva y en general aquella juventud se fue apartando de las tareas agrícolas hacia otras urbanitas.

Pero llegado el fin de semana el objetivo común de chicos y chicas era divertirse como correspondía a los españoles de los años sesenta: deporte, música, discoteca… Fue un momento de intensidad de la vida juvenil y muchos alcazareños se lanzaron al mundo de la música, abandonando la música popular de tunas y rondallas por las guitarras eléctricas y el nuevo estilo. El mayor exponente local de 1968 fue el “conjunto” Lunik V, que ganaron un festival nacional de música joven, que entones se celebraba con mucho prestigio en Quintanar de la Orden.

La intensa vida social juvenil atraía a jóvenes de la comarca, y a la vista de ello se abrieron también locales de ocio. Se cerraba 1968 como tradicionalmente se hace en Alcázar con la celebración del Carnaval y aquel año llegó, como regalo, la apertura de la sala de juventud “Boys Club”. Aquel acontecimiento trajo mucha polémica entre la misma juventud, por no referir la que se produjo con otros grupos de edad. Ir al “Boys” era prueba de perversidad y los jóvenes se debatían entre la curiosidad y el “pecado”. Incluso algunos grupos sociales prohibían a sus descendientes pasar por la calle en la que se abrió la discoteca.

La vida deportiva se centraba en el ciclismo con el paso de la XXIII vuelta a España que se disputó al final de abril y hasta el 12 de mayo. Alcázar fue la meta de la novena etapa. Pero tampoco quedaba ajena a la ebullición social de aquellas fechas; en la etapa XV, Vitoria-Pamplona, acabó por suspenderse: había estallado una bomba en la carretera destrozando el firme. Una acción de ETA buscando la visibilidad internacional. En septiembre se celebró la XXV vuelta Ciclista a Alcázar, dos ediciones más antiguas
que la nacional.

Algunos jóvenes en Madrid comenzaron a militar en células comunistas, organizadas en la cercanía personal. No había reuniones, solo paseos con un contacto que poco a poco informaba al nuevo día a día. La subsistencia del PCE era clandestina. Los pocos resistentes hacían discípulos de uno en uno. A veces se comía en casa del contacto, juntos: la familia y los discípulos. Siempre en el número de comensales capaces de sentarse a la mesa de un piso familiar. En las conversaciones no se entendían las noticias que llegaban de París. ¿Por qué las acciones de aquel jovencísimo Dany el Rojo, y unos cientos de universitarios, tenían más repercusión que las de la izquierda clásica francesa como PCF? y aun menos, las de la primavera de Praga poniéndose en tela de juicio la intervención soviética.

Algunos aventureros mayores de 18 o 20 años, fueron capaces de viajar a París, con un itinerario vertiginoso. Primero a San Sebastián y desde allí en un tren de vía estrecha que transportaba trabajadores, se cruzaba la frontera. No había controles. Luego era otro tren a París y un teléfono memorizado que al llamar te enviaba a un local público. Allí se esperaba casi un día a un contacto que te trasladaba a la estación de Lyon, para subir a otro nuevo tren camino de un pueblecito cercano. Al llegar, un español de los viejos republicanos asentados en Francia te solía ir a buscar. Entonces venía lo difícil. ellos querían saber todo lo que había en España, eran cien preguntas por minuto y esto estimuló a muchos para volver con mejores respuestas. El viaje de vuelta era un hervidero de cabeza: “sed realistas, pedir lo imposible”, “la imaginación al poder”, “están comprando tu felicidad, róbala”…

El titular que en el ABC del 16 de mayo de 1968 tiene el artículo de Matilde Pomes dice “Españoles en París”. Relata la visita de un grupo de alcazareños a París el 23 de abril a la biblioteca de España. Se trataba de conmemorar la muerte de Cervantes con un recital de música del siglo XVI y XVII, organizado por Domingo Parra. Se presentaba a la cantante Mary Monreal muy elogiada por la periodista, acompañada de tres guitarristas y la pareja de baile de Recesvisto Casero con Loli Ruiz. Todo ello con un marcado deje provinciano, mucha buena voluntad, la entrega de la encantadora Josita Hernán, y sin publicidad. Resultó una convocatoria quijotesca, temeraria y enternecedora, que sorprendió agradablemente a los espectadores dice la periodista.
Esperando que no fuera la única vez que visitasen París, agradeciendo el regalo de pequeños yelmos de Mambrino y el satisfactorio espectáculo que dirige don Domingo Parra. Aquel día recibió el sobrenombre de Maese Nicolás: el barbero del Quijote.

El sindicalismo de clase, en el Alcázar clandestino, tenía personas de CNT y UGT y por la nueva central CCOO. Históricos militantes prestaban libros, guardados años con celo, a los jóvenes y ávidos lectores. Junto a estos grupúsculos de jóvenes sin definición, se reunían pandillas de amigos donde junto a la música, las inquietudes sociales eran el tema predominante. Incluso organizaciones socio religiosas, no solo recibían, sino que se esforzaban por incorporar y formar jóvenes en valores humanos.Por ellas pasaron muchos de los que han sido activos progresistas, teniendo responsabilidades de todo tipo en la España constitucional.

No podemos datar con veracidad el funcionamiento de ningún grupo formal en Alcázar, solo pequeños grupos de amigos, incluso de profesiones y ámbitos distintos, se reunían en la mayor discreción, en las quinterías del término municipal. Nunca eran más de seis personas, que ya era tumulto. Siempre encima de la mesa comida y bebida en abundancia y un número corriente de El Arriba. En la puerta con un “zalandro” de pan en la mano, vigilaba uno de los chicos jugando al balón; su función era vigilar quien venía por caminos y “peazos”, para avisar a los de dentro. La conversación giraba alrededor del recuerdo personal y familiar, de
las vidas en la república, de los sucesos de la guerra y la posguerra. En contadas ocasiones, se comentaba algún suceso de Madrid, alguna medida del Consejo de Ministros o del proceder de las F.O.P. Una vez un alcazareño aventurero que vivía regularmente fuera, vino con una octavilla en la cartera; en realidad no la traía en la cartera, la trajo en una cartera interior de tela que había cosido su mujer en los calzoncillos. Después de leerla, su portador la quemó en la lumbre y hasta que no quedó consumido no se movió nadie del corro. En el pueblo, el sitio de reunión era la tasca “la Campera”. Mientras que en París los estudiantes se rebelaban en mayo del 68, en España, una dictadura franquista, aún fuerte, hacía frente a la independencia de la colonia africana de Guinea Ecuatorial a instancias de la ONU.


En el XIII Festival de la Canción de Eurovisión de 1968, España iba a enviar como representante a Serrat para que cantara el tema "La, la, la", pero TVE le retiró del certamen, ya que pretendía cantar en catalán. TVE decidió enviar a Massiel ganando el concurso. Por otra parte está la curiosa historia de Amparo Rodrigo, que trabajaba en una fábrica de pasamanería y se convirtió en Miss España. Se presentó a Miss Mundo en noviembre de 1968, pero se retiró del concurso debido a las declaraciones en contra de España de la representante de Gibraltar. Tras su renuncia, enviaría una nota, escrita de puño y letra, a los medios de
comunicación explicando los motivos: "Siento mucho la declaración que hizo Sandra Sanguineti, Miss Gibraltar, en la que dijo que el hecho de que Miss España participara en el concurso de Miss Mundo suponía que España admitía el Peñón como territorio británico. Yo vine a este concurso de belleza con el solo espíritu de "fair play". La declaración de Miss Sanguineti es completamente política y por eso no tengo otra alternativa que retirarme".

En España no se pasó de huelgas y manifestaciones reprimidas, que los grupos de izquierda procuraron conectar con las movilizaciones universitarias que se estaban produciendo, y que en algunos casos mantenían algún tipo de contacto internacional con jóvenes españoles presentes en París, Checoslovaquia…Los actos que alcanzaron mayor impacto, fueron los planteados conciertos de Raimon en mayo en la Universidad Complutense de Madrid, que ya venía siendo muy activa desde unos años antes, en los que por el apoyo a las movilizaciones estudiantiles fueron expulsados de sus cátedras Tierno, García Calvo, Aranguren.... Otros actos fueron encierros sin repercusión o los saltos para cortar el tráfico, disueltos inmediatamente por la policía. La difusión de lo que pasaba en el extranjero conllevó al cierre de cuatro meses del vespertino “Madrid”, ya bajo la dirección de Antonio Fontán que luego fue padre de la Constitución, activo ministro, etc. sin perder nunca su relación con el Opus Dei.

La entrada de la Policía en la Sorbona el 3 de mayo de 1968 para desalojar a unos 300 estudiantes, reunidos para protestar contra el cierre de otra universidad, la de Nanterre (afueras de París), fue la chispa que prendió el movimiento que, desde hace 50 años, pone en jaque el sistema social predominante. Cuando hoy se mira a 1968, se mira hacia un fenómeno internacional con epicentro en el mayo de Paris, pero que repercute en diversas escalas en casi todas las partes del mundo. Podríamos decir que fue un coletazo final de la II Guerra Mundial, la guerra fría y la autodeterminación de las colonias…. se sintió especialmente en Praga, Mexico. La protesta contra la guerra de Vietnam fue un símbolo, para EEUU, y tuvo réplicas inmediatas en la Italia del 69, y la gran Bretaña de los primeros 70. Incluso se interpreta su influencia sobre los grupos armados como el Ejército Rojo alemán de Meinhof y Baader, las Brigadas Rojas italianas, el nuevo IRA, la ETA, o movimientos armados latinoamericanos. Incluso podríamos alargar su influencia hasta el 15 M madrileño. Sus signos pasaron por la presencia estudiantil, muchas veces, como punta de lanza, con métodos asamblearios y de participación ciudadana. La ocupación de universidades, fábricas o calles. Sus reivindicaciones, que se iniciaban por problemas concretos, terminaban haciéndose genéricas, demandando la solidaridad y conexión con otros grupos, y con tintes autogestionarias. Acciones que conectaban con planteamientos de los pensadores de referencia de aquel momento: Althusser, Sartre, S. Beauvoir, Marcuse, Adorno, Heidegger, Fromm, Paulo Freire… Che Guevara mártir del 67, que se convirtió en un símbolo del mayo. Se considera al movimiento del 68, y sus formas de entender el mundo, como punto de partida del aislamiento social y el cambio de costumbres, el cambio de costumbres sexuales, y relaciones interpersonales, la liberación de la mujer, la alteración de la autoridad, la generalización de las drogas, el menosprecio de la ética del trabajo…

La crisis de formas de vida y pensamiento estaba en las preocupaciones de muchos. La Iglesia Católica trataba de actualizar su relación con los fieles en el Concilio Vaticano II con cambios en los ritos litúrgicos, los curas obreros, la teología de la liberación… 

El protagonismo del mayo pertenece a grupos pacifistas, feministas, homosexuales, ecologistas, culturales y artísticos. No hay razón para dudar de la honestidad con la que Daniel Cohn-Bendit, “Dany el Rojo”, con 23 años defendía en aquel Paris del 68 el socialismo libertario, se crecía por el vigor de la insurgencia del movimiento estudiantil y obrero francés. Atacaba a las instituciones que se desestabilizaban bajo la dura movilización popular. De aquellos mimbres quedan lemas como “La imaginación al poder”, “Prohibido prohibir”, “Seamos realistas, pidamos lo imposible”...


                                                                                                             Texto: José Fernando Sánchez Ruiz
Foto: Archivo Municipal

20200602


ESCUELA DE APRENDICES DE MACOSA



Desde mi Kiosco. VI. Una visión alcazareña en la mitad del siglo XX










…y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar…
Antonio Machado nos apuntaba con estos versos la ilusión del poeta y del hombre racional, moderno y comprometido con su entorno y el futuro de la humanidad. No volver a pisar una senda pisada, era y es no volver a repetir los mismos pasos, en lo personal y en lo social. Pero esta, como otras muchas ilusiones del poeta que le llevaron a tierra extraña, se ha visto truncada repetidamente en la última centuria.
De hace ahora 100 años, es decir cuando comenzaba a declinar la acción bélica de la Gran Guerra (1914-1918), son buena parte de los problemas del mundo actual. Nunca se resuelven los enfrentamientos humanos y cada acción por pequeña que resulte, es un desencadenante de procesos irreversibles. Woodrow Wilson, el presidente americano impulsor de la Sociedad de Naciones, dijo poco después «Les prometo que esta va a ser la última guerra, la guerra que acabará con todas las guerras». De ilusiones, dicen las abuelas manchegas que, también se vive. Así debe ser, los jóvenes de la Europa de los años cuarenta recogieron el espíritu que, H. Leip insufló a su poema del soldado que estaba de guardia en el cuartel y la luz del farol, escrito en las trincheras de la Gran Guerra. Siendo el origen de Lili Marlen.
España acababa de salir de su contienda y, de nuevo, las heridas abiertas de la Gran Guerra sangraban en la Segunda Guerra Mundial. Muchas fueron las necesidades de producción de aquellos años y en Alcázar de San Juan se instaló una factoría de trabajos industriales: Los Devis. “Antiguos Talleres Girona-Devis”.
Con el tiempo se transformó en MACOSA, “Material y Construcciones S.A.” una industria con varias funciones: dedicada a recoger bajo un control laboral y reeducativo a muchos disidentes, revitalizar la economía del centro de La Mancha, reconocer la importancia estratégica y de apoyo a la Nueva España de Alcázar de San Juan y, sobre todo, reconstruir España; en este caso con material ferroviario y material metálico para grandes obras públicas, eso que llamaron, caminos, canales y puertos.
Fue un proyecto imponente de producción y reeducación, en el que la mayoría de sus productores, una media de 300 permanentes, sintieron el paternalismo empresarial y los métodos de producción más vanguardistas del taylorismo americano.
¡Que bien vivís los que tenéis economato! La aparición del economato, la escuela de aprendices, una vida social y cultural de la empresa, el sistema de ayudas entre los trabajadores o las atenciones personales, reyes magos para los niños, deportes para todos, excursiones para las familias, biblioteca, descuentos en locales de ocio alcazareños, descuentos en comercios de moda, electrodomésticos… O escuela nocturna de los trabajadores para ascender dentro de la empresa, fueron cercando una visión particular del entorno por los trabajadores de la factoría.
Incluso la empresa pensaba en los hijos de los productores, que ya mozalbetes de los sesenta y los setenta, descubrían una nueva forma del ver el mundo. Para ellos habían creado la “Escuela de Aprendices”, verdadera entidad de enseñanza académica y profesional, a la que se accedía por riguroso examen y en la que se reservaba un cupo para los hijos de los productores. Allí se estudiaba algo similar a los bachilleratos de la época y se aprendía un oficio, en un ciclo de tres años. Por lo general el último año se hacían prácticas en los talleres y con este sistema se incorporaban al trabajo nuevos productores.
El sistema permitía la realización de prácticas tanto en la factoría alcazareña, como en factorías y empresas extranjeras a las que se accedía mediante convenio. Los “aprendices” fueron entonces una casta alcazareña incluso de más interés social que la de los “prácticos” ferroviarios. Ambas fueron las dos formas de acceso, laboral y social, que tuvieron los hijos de las familias obreras alcazareñas entre los años cuarenta y setenta.
Los recién aparecidos locales juveniles como el Boys Club entre otros, y la ocupación de las tabernas y bodegas de la calle del ferrocarril y la puerta Cervera, entre otras, fueron sus mecas y sus nidos de operación, tanto en lo correspondiente al lirismo de la juventud, como a las inquietudes sociales. Aquellos jóvenes “aprendices” lo aprendieron todo, fueron conociéndose y comprometiéndose con aquello que más les interesaba. Muchos abandonaron MACOSA y desarrollaron su vida en ámbitos relevantes de carácter institucional, social, empresarial, universitario… Incluso buena parte en el sector educativo, integrándose en el nuevo modelo de escuelas de Maestría o centros de Formación Profesional que comenzaban a aparecer.


Texto: José Fernando Sánchez Ruiz
Foto: Archivo Municipal
Diario YA, Santos Yubero

20200528




EL RALLY DE ANDORRA




Desde mi Kiosco. V. Una visión alcazareña en la mitad del siglo XX









La década de los años sesenta abre un nuevo período en la vida de Alcázar de San Juan. Circunstancias internacionales y locales la llevan a ello. Si bien poco antes de nuestra instantánea habían desaparecido grandes personajes de la época, como la rubia Marilyn Monroe o el presidente Kennedy, a la vez surgían otros elementos que marcaron la década. Los soviéticos enviaron al espacio a la primera mujer, Valentina Tereshkova. Luther King abanderaba el movimiento sobre los derechos humanos, recibiendo este mismo año, 1964, el Nobel de la Paz. Los hippies quieren cambiar el mundo, cuando los Beatles cambian el espectáculo, la música y buena parte de los valores de los jóvenes. El movimiento Contracultural se desperezaba en las metrópolis españolas y Alcázar, tan cerca de Madrid, recibía información de “los niños flor”, surgiendo la duda sobre las formas tradicionales de autoridad.
Es un disgusto que en esta imagen no podamos ver los kioscos del paseo de la estación, a los que llegaban las publicaciones y revistas más vanguardistas de la prensa española. Pero Alcázar vivió con mucha intensidad aquellos años. El paseo de la estación olía a gasolina (la del surtidor que tampoco aparece en la foto), sonaban las primeras coplas pop y las guitarras eléctricas. Corría el verano de 1964 y seguramente Paulino salió del estudio de Marlo-Foto en el mismo paseo de la estación, para hacer varias instantáneas de este “Rally de Andorra” que tuvo lugar en abril, convirtiendo la población manchega en un pueblo que buscaba el “sueño americano”
El Cine Mara era la terraza de verano más popular de aquellos años, en competencia con la Delicias y la del Crisfel, ambas de la familia Cenjor, que aquel año, hacía solo unos meses, cumplía una de sus grandes ilusiones, abriendo en la parte baja de la población el Cine Cenjor. Lamentablemente solo subsistió unos pocos años. La terraza Mara ocupaba la parte de atrás de los edificios de la acera que se ve en la foto, en un enorme corralón alargado, que casi llegaba a las mismas vías del tren. Por esta portada se accedía al final de la sala y a su derecha se desplazaba esta con la pantalla al fondo. Los alcazareños y alcazareñas visionaron allí con suspiros, estruendos y voces, a los grandes artistas de entonces: Anthony Quinn en “Los cañones de Navarone”, “El coloso de Rodas” donde aparece el galán español Conrado San Martín, entre otros artistas nacionales, junto al americano R. Calhoun o la italiana Massari. Eran cintas de carácter histórico, bíblico, de aventuras o de amor.
Pegado al cine, camino de la estación, se observa una zona de bares y hoteles, que quedan disimulados detrás de la fila de espectadores. El valor de los veinte corredores participantes en el rally del paseo atraía la atención de todos. Jóvenes, industriales, viajeros del tren y de los autobuses que andaban por el paseo, mujeres, chicas jóvenes, algún agricultor que no quería desprenderse de su blusa, guardias civiles, chiquillería y empleados de los locales. Unos asomándose desde los balcones y otros en primera línea de la prueba. Entre ellos, y en el abandono de las barras de los bares, algunos camareros. Miguel con su mandil y Joaquín Román, en chaquetilla blanca, ambos del bar de “Los Alaminos” que dejaron la puerta de par en par. Por la parte del bar “El Jaro” no salió nadie a primera fila, pero estaban observando detrás con un ojo en el Citroën y otro en los bocadillos, que por la posición del sol vemos que era una hora propia para un avance.
Esta acera como la de enfrente, estaba bien surtida de locales de hostelería y hospedería. Aquí se ve la fonda Úbeda que como pensión anunciaba sus camas y comidas. A la derecha de la imagen vemos un edificio de tres plantas de cuidada y decorada fachada, en el mismo sitio por el que años antes accedían a los andenes los viajeros de la estación. Este fue el hotel Raboso, que ya estaba en plena decadencia en este año. Fue un hotel al que acudieron los visitantes de Alcázar cuando desde Madrid se venía a La Mancha con la intención de conocerla y documentarla, actores y artistas de todo tipo recalaban con frecuencia. El Crisfel era el único teatro de la Mancha y atraía público de Madrid, periodistas, escritores, altos cargos, fotógrafos, empresarios, toreros y aventureros de todo tipo. Este mismo año visitó Alcázar el fotógrafo Alfonsito (Alfonso Sánchez Portela), uno de los hijos del histórico Alfonso, que como depurado perdió su carné de periodista, ejerciendo solo como fotógrafo. Alfonsito junto a un grupo de amigos madrileños y de la capa española, visitaba Alcázar para conocerla, comer, fotografiarla y hacer tertulias literarias, decían los cronistas de la década.
Alcázar en la lejanía de la Puerta del Sol y en la cercanía de un rato de ferrocarril, con buenas posibilidades para comer, dormir y divertirse, era un lugar predilecto de un numeroso grupo de activistas madrileños, que en la mayor discreción se acercaban a La Mancha y a sus asuntos. Es imposible averiguar si estas visitas u otras causas transformaban las costumbres locales tan arraigadas, pero éstas se transformaban rápidamente. No solo eran las costumbres juveniles, como ejemplo diremos que los entierros dejaron entonces de despedirse en la Puerta Cervera, comenzando a hacerlo en las parroquias. Entre este bullir, los asesores del Real Madrid de baloncesto, que venían a los juegos locales, escogieron a Vicente Paniagua Logroño, al que incorporaron a su plantilla, después de hacerle unas pruebas y ahora Alcázar lo homenajea.
El hotel Raboso desapareció poco después, pero de su vida quedan muchas cosas que contar. El ganadero alcazareño Laurentino Carrascosa, que desde joven tuvo intención taurina, faenó muchas veces en los pueblos de la zona y como en su casa no eran conformes con su afición, utilizaba el Hotel Raboso para vestirse de luces y salir a los festejos como novillero y como matador. En sus tertulias con mucha gracia se ganaba la admiración de los asistentes, y el compositor Jaime Teixidor le dedicó el famoso pasodoble “Carrascosa”. Luego dejó las faenas y su organización para centrarse en su ganadería desde 1957. Al pasar el hotel de unos dueños a otros, en su última etapa se conoció como hotel Pecker, estando a cargo de esta familia radiofónica en sus últimos días.



Texto: José Fernando Sánchez Ruiz
Foto: Archivo Municipal
Antonio Martínez











BODEGAS LOIDI Y ZULAICA

Desde mi Kiosco. IV  Una visión alcazareña en la mitad del siglo XX








A mediados del siglo XIX los viñedos franceses, entre otros, fueron infectados por una plaga de insectos, que había llegado de América y se extendió por toda Europa. De esta manera el tradicional comercio de vinos de Francia, se resintió durante muchos años, perdiéndose la producción y teniendo que replantar todas las vides.

La característica acida de las tierras de la región de La Mancha, fue suficiente para que la larva de la filoxera, no encontrara oportunidad en ella. De esta forma se detecto que la vid en este territorio producía buena uva y buen vino, sin merma alguna por el insecto. Desde el año 1854 el ferrocarril había llegado a Alcázar de San Juan, estableciendo de esta manera una importante puerta de transporte masivo, fácil, rápido y seguro. Desde 1858, la vía enlazaba con Madrid y con la ciudad portuaria de Alicante.

Con esta situación respecto al cultivo y la facilidad de envió a las  ciudades punto de exportación, solo quedaba la intensificación de la producción tanto en el campo como en las bodegas. Algunos empresarios de aquellos años, fueron conscientes de esta realidad y entre ellos D. Francisco José de la las Rivas y Ubieta,  “Marques de Mudela”  que en 1872, se instalo en unos terrenos junto a las vías del tren, de modo que consiguió que su bodega tuviera su propia entrada de la vía y así desde allí mismo salían los trenes llenos de cubas y transporte de vino que circulaban por las vías de la compañía mas prospera del momento, la M. Z. A. “Madrid Zaragoza Alicante”

Más adelante fueron otras muchas las bodegas que se instalaron en Alcázar de San Juan, con capitales provenientes de la nobleza o de las tierras portuarias y mas industrializadas e incluso algunas, ya mas tardías con capitales originarios. Entre ellas fueron muy populares las bodegas de de Julián Prats, Comas y Cía,  Santiago Ortiz, Emiliano Horubia, todos empresarios que se instalaron en Alcázar en relación con  las oportunidades que dieron el ferrocarril y al desarrollo que estaba experimentando la ciudad por al comercio del vino. De entre las iniciativas locales fueron muy destacables por su volumen de negocio las bodegas de García Baquero, Coca o Peñuela, entre otros.


En la fotografía presentamos el patio grande de la bodega Loidi Zulaica S.A  que estuvo situada en la actual calle Marques de Mudela, hoy no quedan restos de su antigua edificación. La bodega procedía de San Sebastián, aun en su puerto existe un edificio donde se reseña su nombre con grandes letras de ladrillo. Se instaló en Alcázar de San Juan en 1885. La Sociedad era propiedad, a un 50%, del Sr. Loidi y otro de José Antonio Zulaica. Su producción principalmente era para la exportación al extranjero, como al resto de España. Fue una de las instalaciones de mayor nivel tecnológico durante muchos años y como ejemplo citamos que disponían de un aparato de producción de mosto concentrado.
La fotografía se tomo un día importante para la bodega, con la visita de sus propietarios, cada uno con su sombrero y su bastón en sendos lados de la imagen. Fueron acompañaos por las autoridades municipales de aquel momento y entre ellos los trabajadores de la bodega entre los que destacan mujeres y chicos.

Texto: José Fernando Sánchez Ruiz

Foto: Archivo Municipal