20121114

UN MONO EN EL ANDEN


Un mono en el andén
(Monologo teatral)
José Fernando Sánchez Ruiz

Escena.- (ambiente de taberna) Una mesa y dos sillas, sobre una, un mandil blanco de camarero.  Una botella con vino tinto y un vaso de cristal.

Personaje.- Hombre cercano a los 70 años. Pantalón de pana, en el bolsillo una boina, camisa azul de trabajo con botones blancos. Chaleco negro desabotonado, con pañuelo en un bolsillo.

Medios técnicos.- Lanzamiento de sonidos. Maquina de humo….

ACTO UNICO.
(Suena en fondo.  “A donde vas morena”.)
(Un hombre se acerca a la mesa, se sienta, se sirve,  bebe lentamente y chasquea).

(Nostálgico) Desde la altura del Cuarto Piloto me encontraba en aquella hora de la siesta ensimismado en el chimeneón de la alcoholera de los franceses mirando la línea de horizonte, mirando el camino de El Toboso. (Deja de sonar.“A donde vas morena”.)

 (Sonido de repiqueteo de calderos metálicos)
(Echando la cara a un lado del escenario). El repiquetear de los caldereros de Macosa me adormecía un poco y abrí la ventana del cuarto para poder despabilar la modorra. (Elevando la vista) Recordaba en la boca del chimeneón, el nido de cigüeñas y el nido de ametralladoras, que hubo allí durante la Guerra.

humo….

(De cara al público) Escenas terribles me venían a la memoria,  hasta podía oler el humo denso y dulce de la pólvora de aquellos días. (Olisquea) ¡Pero cojones! si casi podía mascar el humo. (Indignado)
Salí fuera del ensimismamiento y volviendo la cabeza hacia levante comprendí que el Piloto, se estaba llenando de humo.
 El humo venia de la maquina que estaba estacionada en la vía 3 y que después de haber repostado de agua no se movía del carril.
Algo pasa,-pensé inmediatamente-, prestando toda mi atención como si de una emergencia ferroviaria se tratara.

*
(Bebe lentamente un trago y chasquea)

(Narrando) A lo lejos una masa de hombres, chiquillería y algunas mujeres se arremolinaba dando gritos y pululando por el edificio de los andenes de una punta a otra, a veces se asomaban a la marquesina y otras miraban al suelo haciendo un corro. (Ruido de gente. algarada)

Juanelo el Chatarrista subía la escalera de la caseta con su saquillo de cuadros azules para la cena. Era mi relevo en el puesto y desde el descansillo ya me venia gritando.
- Manolo, Manolo, vete a tu casa, que hasta que llegues te queda un rato. (se oye la voz en off, con mucha ironía.)

 Juanelo me decía todos los días lo mismo con muy “mala leche”, al oír su voz me encasquete la boina y cogí el saco al revuelo para bajar las escaleras nada mas llegar el arriba. (Lo hace viviendo de nuevo la escena del recuerdo. Se levanta de la mesa y se pone de cara al público)

(Dirigiéndose a su compañero en el publico) – Juanelo. Te he dejado la hoja de trabajo donde siempre y  me voy a ver si llego, (con sorna).

--Pero Manolo no quieres que nos fumemos un cigarro. (off)

--Adiós Juanelo, que tengo mucha prisa y mi casa esta muy lejos. (Dirigiéndose a su compañero en el publico)

Por entre las vías eche a correr al revuelo del anden central.   (Lo hace)

*

El mico el mico, (off voces mezcladas de multitud y personas concretas) 

(Vuelve a sentarse, caerse, a la mesa de la taberna) 
(Narrando) De entre la gente destacaba un militar uniformado como las tropas de la provincia del Sahara, el brigada de infantería, tenia un enorme mostacho que rizaba, (hace ademán) o debía de encerar con las puntar rechibadas hacia los ojos.

La locomotora pitaba y echaba grandes bocanadas de humo pero no podía ponerse en marcha sin su brigada, que volvía a destino comandando la patrulla guardiana de un furgón de aquella composición.

(Se viene hundiendo) Los viajeros increpaban desde las ventanillas, con mucha educación, al jefe de estación, que los miraba atento con el silbato en la boca y el pulgar de la mano izquierda dentro del cinturón donde refulgía como el sol su hebilla de yugo y flechas. Yo cada vez que lo veía con su nuevo aire de D. notaba un retortijón y el dolor lacerante de un culatazo en el costado.

(Cabreado). El brigada era el propietario del macaco que tenia alborotada la estación.

(Narrando con énfasis). Hacia cinco años que vivía con el viajando sobre su hombro, comiendo de su plato y de su mano, entendiendo todos los deseos del amo y obedeciendo el animal a veces a un simple gesto o a voces militares del brigada, que se retorcía el bigote de regocijo por el comportamiento de su mono gibraltareño. (Imita al brigada con mofa)

(Con desprecio) Había bajado del tren, como otras ocasiones, en la estación de Alcázar de San Juan para beberse en su fonda, un agua de limón con tortas de Alcázar. (Vuelve a beber y chasquea)
El simio salió del tren subido a su hombro como hacia habitualmente, y paso a la fonda con su amo, ALLÍ SE COMIÓ UNA TORTA DE BIZCOCHO y a la salida, basculando su cuerpo sobre la cola se subió por una de las columnas de hierro a la marquesina de los andenes.
Salto al techo de los vagones y los recorrió en ambos sentidos a gran velocidad saltando de vagón en vagón como si estuviera aun en libertad.(hace el salto del simio y recorre el escenario al trote)
(Con desprecio) Le tuvo que sentar a gusto la TORTA DE BIZCOCHO.
Volvió a saltar a la marquesina que cruzaba de un lado a otro haciendo que el gentío se desplazara por debajo de ella de un lado también al otro, siguiendo sus piruetas y gracias, observando como el brigada resolvería aquella pequeña insurrección en territorio nacional. .(Hace el salto del simio y recorre el escenario al trote)

*

( Con algo de ira) El macaco había bajado varias veces de la marquesina, para volver, creo yo, al hombro de su dueño: Pero cuando se encontraba en el suelo los mozos carbonilleros le atizaban una buena lluvia de piedras de la vía, hasta que el animal cada vez más asustado retornaba a subir a su refugio en la marquesina. 

 (Vuelve a sentarse, caerse, a la mesa de la taberna)

(Narrando). El Brigada, Pelayo Orrazamendi había intentado poner orden en el corro elevando la voz, haciendo gestos, soltando algún cachete a los mozos y haciendo todo tipo de llamadas y filigranas para recuperar a su mono. Ya desesperado de la algarabía que su animal estaba organizando con la confabulación de los mocetes de la estación, llamo a tres de los soldados que escoltaban aquel vagón y les dio instrucciones precisas para operar en aquel terrible campo de batalla.

(Bebe lentamente un trago y chasquea Imitando burlonamente al brigada.
--Señores, les dijo: primeramente vamos a intentar cazar al simio con un viejo truco que he visto utilizar con animales rebeldes y si no es posible conseguirlo, procederemos a mi tercer toque de silbato a desalojar la zona de paisanos para que se tranquilicé el animal y pueda volver como mi general a su unidad.

(Narrando ) Los soldados con su brigada cogieron una manta de caballeriza y desplegándola a todo lo largo y ancha que esta dio, la dejaron en el suelo. A continuación con sus gorros hicieron un paquete dentro de una camisa, tomando aquel injerto forma de muñeco que mantearon al son de una canción militar. (Suena “tema militar vocal” pita pita maquinita) El mono como llamado a fajina se asomo por el pico de la marquesina más cercano a aquella estampa, la observaba con gran interés y alargaba el brazo para enganchar el muñeco, pero los soldados retiraban el manteo cada vez unos centímetros más. Con este ingenio pretendían, que el mono; o bien perdiera el equilibrio o bien, se lanzara a la manta para participar en tan divertido juego y cazarlo echándole encima los cuatro picos de la manta cruzados. 

Se pone en pie cara al público
(Narrando) El mico Francisco embobado en el juego estaba a punto de dar su salto al aire, cuando recibió un cantazo en el centro de la frente (fin de la música militar) que le hizo caer de espaldas y braziabierto sobre el suelo de la marquesina. Al mismo tiempo desde el grupo de mozalbetes se oyó una voz que decía ¡toma, hoy cenamos carne!.

humo….

Al público con moralidad. El silencio sobrecogió todo el anden, incluso dejo de oírse el resoplido de la maquina que echaba humo en el anden. El brigada comenzó a tocar su silbato una vez, dos veces, cuando se lo puso en la boca y al ir a soplar por tercera vez, el mico Francisco rodó del suelo de la marquesina a su cabeza, golpeando a su amo con la fuerza de un saco de patatas, lo propio de un cuerpo muerto…   

 Pelayo Orrazamendi conmocionado por el golpe recogió al simio Francisco que al encontrarse en los brazos de su amo venia en si. Con un gesto huraño y de poco interés por el hambre de los mozos, a voz en grito llamo a su cabo.

Imitando con orden de mando
--Cabo. Traiga inmediatamente tres raciones, mejor solo dos,  para estas gentes.

             El cabo las entrego con diligencia y el brigada aun con el animal en los brazos tiro la comida a los pies del grupo de mozos que había perseguido al mico, diciéndoles.

Imitando con orden de mando
 --Más os valdría ser honestos hijos de la patria que futuros presidiarios. Un patriota nunca pasa hambre. ¡Mecaguendios¡

(Vuelve a sentarse, caerse, a la mesa de la taberna) (Bebe lentamente y chasquea)
humo….
Se dirigió al tren con sus soldados, tras vigilar el anden, hizo una señal al jefe de estación y este le dio salida al convoy, (pitido salida del tren) disipándose poco a poco la humareda que se había concentrado en la estación.

*     *     *
(Bebe) Para dirigirme hacia mi casa, me cale la boina con las dos manos, (lo hace) di con mucho respeto las buenas tardes al jefe de estación -que remedio- me miraba desde dentro de su camisa azul con botones negros. Entre los muchachos del grupo reconocí de soslayo al hijo de un compañero que aun seguía en Manthausenn. Poco después me entere de la muerte de su padre. 

Aun bebo mi cobardía. (Bebe) y cae de bruces sobre la mesa. Suenan unos compases de (A donde vas morena)

FIN

20121104

Primer Brindis

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Primer Brindis por el centenario de la calle Emilio Castelar.

Parece que el naufragio del Titanic en 1912 es lo único de importancia de aquel año, cada pueblo, se afana en buscar algún vecino que estuviera cercano a aquella tragedia. Pero la verdad es que pasaron grandes cosas en todos los ámbitos. En Alcázar de San Juan, encontramos importantes obras de ampliación de la estación para la clasificación de trenes, los alcazareños participaron plenamente en la huelga general ferroviaria de octubre, que señalaba la potencia del movimiento obrero local de aquellos años. Se arreglo el reloj de la torre del viejo ayuntamiento que no funcionaba, como siempre, y se dio un acontecimiento principal para todo el siglo. Apareciendo la calle “Emilio Castelar”

Contaba con frecuencia el cronista alcazareño Emilio Paniagua Ropero, que fue en septiembre de 1912 cuando se instalaron, según las noticias que tenia de Antonio Tejado, las primeras placas de calle con el nombre de Emilio Castelar. Noticia esta que queda clara en la personalidad alcazareña y que no debe ser interpretada, nada más que en su justo termino. Se pusieron las placas.
El seis de julio de 1910, siendo alcalde “Estrella” Eulogio Sánchez-Mateos, se acordó rotular calles y numerar edificios, obra que fue encargada a Tersil Martínez Ferrero por su oferta, pero seguramente no se ejecutaría esta imposición de placas, hasta 1912, momento en que se acordaron obras de arreglo del pavimento de las calles Cabo Noval, rebajándola hasta buscar la corriente y Emilio Castelar que debían ser empedradas a “bombeo” sin cunetas, ampliando sus aceras. De hecho los papeles de la época no hablan de un cambio de nombre en este momento y la natural calima veraniega, aunque anima a echar horas y horas para buscar el acuerdo correspondiente, no da mejores resultados.
Al fin y al cabo cumplimos ahora el primer centenario del nuevo nombre. La calle dejo de llamarse San Andrés para recibir el nuevo nombre, si San Andrés fue su nombre histórico, aunque no ha dejado de usarse, su verdadero nombre popular  es el de “La Castelar” y lo ha compartido con los de Generalísimo y Emilio Castelar, que de todas estas formas posibles a lo largo del siglo XX han llegado la correspondencia a las casas de los vecinos, con muecas o sonrisas de los carteros según la década.

Otra cuestión a centrar es la delimitación del espacio de la calle, cuestión con la que pasa algo parecido al nombre, dado que en diferentes épocas ha tenido diversos trazados. Si bien popularmente se confunde en muchas ocasiones la Avenida de Álvarez Guerra o antiguo paseo de la Estación con la propia calle, también es cierto que el tramo desde la plazuela de Villajos a la antigua carretera de Campo de Criptana ha compartido los nombres de la calle con el de Cabo Noval.
 Las chiquillerías dieron nombres parciales a cada tramo según las fijaciones de cada época, y que ahora no es el momento de presentar. Actualmente es calle Emilio Castelar desde la plaza, donde comienza su numeración, hasta la Avenida de Criptana donde termina. Siendo la acera de los impares la de la izquierda conforme se entra en ella y la de los pares o de los tontos, la de la derecha, por donde se pasea a la fresca de las mañanas a  su sombra. Cosas de las hordas de la chiquillería que nada tiene que ver con la realidad de la calle.

Las casas importantes de la antigua calle de San Andrés, a modo de fincas, en un terreno diseminado unido por grandes corrales, se acababan en las equinas de la actual calle Miguel Barroso y Ramón y Cajal, donde iban a dar las casas hidalgas de la parroquia de Santa Maria, siendo la que quedaba mas al norte la de los Valenzuela, que llego al siglo XX en esas esquinas conocida como la casa del oculista Dr. Marcos en la mitad del siglo y de la cual hoy su portada esta superpuesta en la fachada principal del actual Conservatorio Superior de Música. De esta hacia el norte, alguna casa popular y campo hasta la ermita de Villajos.

Esta calle fue una zona de servicio de las casas grandes de la calle principal de la población que era la actual de José Canalejas y antigua de Resa, donde estaba la casa familiar de Álvarez Guerra, la del potentado hidalgo Marañon y Resa u otras. El pueblo se acababa prácticamente en la sierra que suponía ser la morra de la ermita del Cristo de Villajos en línea a las afueras con otros cristos como el de Zalamea, antiguas cruces a las entradas de los caminos que llegaban a los pueblos.
La prolongación del cristo de Villajos era el campo y el cruce de los caminos a diversos pueblos, quedando a las afueras la primera plaza de toros, gracias a Álvarez Guerra, que tuvo la ciudad en donde luego se levanto el casino, todo a su alrededor era campo y ya en la segunda parte del siglo XIX las vías del tren.

La importancia de los terrenos cercanos a la actividad ferroviaria fue haciendo que esta zona se urbanizara con trazados rectilíneos y se poblara poco a poco. Aparece la calle y con ella un nuevo concepto de Alcázar de San Juan, como polo de atracción, ocio comercio y viaje dentro de La Mancha. Durante los primeros años la calle fue haciéndose con su personalidad y estuvo construyendo sus edificios principales hasta entrada la década de los años 30.
Si en la zona del Paseo de la Estación comenzaron a destacar edificios como las Bodegas Bilbaínas, actual Comisaría de Policía, Sociedad Recreativa Alces, que formaba parte del complejo del teatro Moderno o Cine Crisfel, hotel Raboso hoy discoteca Vanyty, Fonda Francesa y tantos otros, no fue para menos en el ultimo tramo de nuestra calle que se construyo prácticamente en el campo. El circulo de la Unión que dio lugar al actual casino, el edificio de Úbeda que albergo en sus bajos el cine Alcázar. Y de la ermita de Villajos hacia el norte, grandes casas particulares todas en ambas aceras con vocación comercial. Entre los edificios posteriores y rompiendo con la línea de la tardía arquitectura modernista manchega, aparecieron algunos de carácter racionalista, como el que albergó los almacenes Arias y otros de su entorno, que se comparten con alguno de intención neoclásica.
Después fueron desapareciendo las escasas casas populares y sustituyéndose con edificaciones eclécticas que en conjunto dan un aspecto de ciudad viva a la calle. La plazuela de Villajos ya desconocida hoy y existente solo como cruce de vías, ha transformado a lo largo de la historia de la calle su arquitectura de arrabal, al menos dos veces, con una primera construcción que le dio sentido y personalidad a la zona y con una segunda coetánea que ha convertido la plazuela en cualquier rincón de las poblaciones de veraneo en nuestra costa mediterránea. 




Los tramos restantes ya mas tradicionales y correspondientes a la antigua calle San Andrés, sufren un proceso parecido y entre sus edificaciones perdidas hay que recordar  el edifico de los tejidos de Antonio Ortiz, conocido como almacenes Tresa o la casa del balcón corrido, con una fachada a dos calles y una galería de balcón que recorría toda la fachada teniendo esta cerca de sesenta metros. Aquí conviven el resto de la arquitectura modernista, con el racionalismo y las arquitecturas mas coetáneas incluso con edificios de hierro y cristal que han ido ocupando la calle, convirtiéndola en un libro abierto de las modas arquitectónicas de todo el siglo. Aun se mantienen verdaderos palacios que fueron residencias de grandes agricultores o vinateros en su tiempo desapareciendo las casas populares que hasta hace poco salpicaban con gracia las aceras de la calle.